Inventar un posible
Diez minutos antes
“Aquella fría y lluviosa tarde de enero, la mujer a la que le quedaban diez minutos de vida estaba riendo”.
No estoy contando el tiempo, estoy siendo el tiempo que se contrae justo antes de saltar. Es una espera que pesa en el bajo vientre, una muerte detenida que paradójicamente, es lo único que me hace sentir que estoy viva.
La gente pasa por encima de mí pero yo ya no pertenezco a este mundo, donde cada cosa debe tener un lugar fijado. Despertar no ha sido una traición a nadie, sino un proceso vital, una manera de sacar algo que llevaba en la piel, para escapar de lo que está impregnado en el aire.
Me pregunto si los demás ven que mis manos tiemblan,
si valoro la libertad, más me vale escapar y si puedo, me llevo a cuantos pueda conmigo. porque la aventura mágica no es llegar a ninguna parte, nadie llega nunca a ninguna parte, sino es valorar el entusiasmo de la liberación, el placer culpable de tirarlo todo por la borda y abandonar lo que se supone que debemos ser.
Para mí, aletargarse es un derecho. miro el sol y entiendo que mi lugar no es una oficina, ni acumular objetos, ni cumplir con el gimnasio ni mucho menos montar una startup.
Aletargarse es el oasis del desapego, es ese espacio donde el entorno no dice nada de ti y donde, por fin, puedes librarte de ti misma
Al final, lo único que me importa es que el corazón sea lo suficientemente grande. Estar en el mundo, sin ser yo el mundo.
El tiempo se me ha escurrido como agua en las manos y yo misma
me he escurrido con él.
Respeto mi debilidad y respeto mi miedo. Me rindo a la sucesión del tiempo. Me quedan solo dos segundos y ya me estoy riendo.
¿Cómo se arregla una con esta falta de dolor?



El final muy muy top
Estar en el mundo sin ser del mundo, mi frase favorita