La bajona
Sé que, tarde o temprano, tendré que cerrar el libro. Anticipo ese momento como un portazo seco que me obligará a negociar de nuevo con mis propios muebles y con esa versión de mí que dejé en pausa, almacenada en alguna caja, en Barcelona. Desde aquí, la frontera invisible entre las selvas y mi barrio de siempre me parece un abismo. me asalta el miedo a no saber sostener a la persona que soy ahora frente a la que mi familia y amigas esperan que siga siendo.
Miro hacia el horizonte y veo una mancha borrosa que lo desenfoca todo, ahí justo está esperandome el trabajo que detesto. Sé que me tocará montar otra vez el circo del entusiasmo corporativo, fingiendo que conecto con una cultura que solo me ve como una pieza intercambiable. En ese entorno, mi voluntad dejará de ser motor para convertirse en un engranaje más, una performance de productividad diseñada para que me sienta incompleta si no acumulo experiencias y exitos constantes.
Me asalta el vértigo a la caída que supone volver a encajar en la vida de los demás. Me da angustia sentir que mis amigos me esten buscando un hueco en sus planes de domingo, o que mi familia me mire con condescendencia creyendo que ya se me ha pasado la tontería. Siento que ellos avanzan, o se convencen de que lo hacen, mientras yo vuelvo cargando con un mundo mágico que me encantaría compartir pero que nadie va a entender.
He aprendido que este impulso, esta naturaleza del deseo, es un arma de doble filo. es mi agobio constante al sentir que siempre siempre me falta algo. He hecho auténticas locuras forzandome a seguir un ritmo que no era el mío, solo por la necesidad casi enferma de figurar, de estar presente para los demás. Me da vergüenza ver cuánto de mi vida regalé . pero también es ese mismo deseo el que me empuja como una fuerza indomable y me obliga a desbordarme, a buscar una alegría que no caduque en la nevera. Una conexión con los demás que no dependa de lo que tenga o pueda ofrecer.
Siento que, en el fondo, soy una mujer creciendo dentro de un libro, estirándome entre sus márgenes, dueña indiscutible de mi propia historia.
Leer y viajar han sido, en esencia, la misma aventura. Las dos cosas me han dejado soltar mi identidad y entender realidades que rompen con la inercia de donde vengo. la búsqueda de una misma no termina en la última página, sino que es algo que muta y se va corrigiendo y reescribiendo con el tiempo sin esperar encontrarle el sentido o la conclusión final.
Así que, cuando finalmente cierre este libro y ponga rumbo a casa, lo haré sabiendo que me he ido enfrentado a todos mis miedos, uno a uno, hasta que todo el dolor y la belleza se han vuelto completamente míos.
El viaje no se acaba aquí, solo cambia el capítulo.
los libros que he leido durante estos dos meses:
el oficio de ser extranjero. Roger bartra
Pablo d’ors: biografia del silencio
El libro del ego: Liberarse de la ilusión (x3)
A cuatro patas - Miranda July
Teoría del viaje - michael onfray
La conciencia contada por un sapiens a un neardental -no recuerdo
Cosmos - michael onfray
Agua viva - clarice lispector

